Shri Yogendraji (1.897-1989)
Manibhai Haribhai Desai, conocido familiarmente como Mani y más tarde como Shri Yogendra, fundador del Yoga Institute de Bombay, nació en Degam (Surat) en 18 de Noviembre de 1897.
Su madre murió a causa de una epidemia de peste cuando el tenia 2 años.
Su padre, Haribhai, era maestro de escuela y tuvo que hacer de padre y madre a la vez. Debido a la peste, que también alcanzó a su abuelo llevándolo a la muerte, todas las casas de la aldea fueron quemadas y sus habitantes se trasladaron a pueblos alejados. El padre de Mani fue destinado a una pequeña aldea en la selva donde enseñaba a tribus semi-salvajes en un lugar infectado de tigres. Mani hacia trabajos con el ganado y la cosecha mientras estudiaba bajo la tutela de su padre además de encargarse de la casa y la comida. En una ocasión Mani observó una cobra real en el camino y se abalanzó sobre ella y el animal corrió a esconderse en su agujero. Mani aprendía a la vez de la naturaleza y del comportamiento de su padre. Este era un hombre serio y recto, cumplidor de su deber y honesto.
La economía de ambos era bastante maltrecha y solo daba para que Mani comiese dos veces al día. Debía andar 5 kilómetros para ir a la escuela y otros tantos de vuelta a casa. Este tipo de vida le debilitó mucho y contrajo fiebres tifoideas. El agua que tomaban no estaba purificada y eran frecuentes este tipo de enfermedades en la aldea. Estuvo 23 días en cama sin apenas poder moverse de la debilidad extrema que padecía y su padre le lavaba y le ayudaba a hacer todas sus necesidades en la propia cama. Un día en que Mani estaba delirando apareció un hombre en la puerta de su casa con una taza de mantequilla diluida y le dio a beber unos sorbos de la misma. Desde ese momento empezó a mejorar.
Su idioma nativo, Gujarati, no era el adecuado para seguir los estudios por lo que su padre le propuso estudiar ingles. Así que lo envío a la escuela de ingles mas cercana donde afortunadamente su director, un entusiasta del ejercicio físico y la actividad deportiva, le tomó bajo su tutela y Mani comenzó a realizar todo tipo de actividad deportiva, respiraciones y ejercicios gimnásticos que, junto a un aporte extra de comida proporcionado por su profesor en apenas dos años le convirtieron en un joven robusto y atlético. A Mani le gustó este tipo de ejercicio y comenzó a aprender lucha libre. En 2 años Mani se convirtió en un joven con una musculatura llamativa además de un luchador experimentado, y dedicaba algo de su tiempo a luchar con otros jóvenes de pueblos cercanos. Asimismo, dedicaba tiempo al gimnasio sin abandonar sus clases de ciencias. Su reputación en la lucha fue aumentando y algunos luchadores mayores en edad querían pelear con el. En cierta ocasión levantó un carro de bueyes para que su propietario pudiese arreglar el eje del mismo. Mani fue forjando su carácter en estrecho contacto con la naturaleza más salvaje a la que tuvo que adaptarse y a la observación de las costumbres de los lugares en que vivía. No le gustaba la desigual distribución de la riqueza que existía en los pequeños poblados ni las costumbres de casar a niños. Era una persona fuerte y no le satisfacía que otros individuos fueran destruidos y desmoralizados por las costumbres sociales y la tradición.
Comenzó sus estudios en el instituto y fue en esa época cuando sucedió un hecho que marcaría un cambio en su vida. Mani lo contaba así.” Teníamos un profesor cuyo hermano era un afamado y fuerte luchador. Dicho profesor me dijo un día que su hermano había oído cosas sobre mí y quería luchar conmigo. Yo estuve de acuerdo con la pelea. A la mañana siguiente muy temprano el hombre apareció y mi padre, que estaba conmigo, me aconsejó que no luchara con él pues su aspecto era realmente intimidatorio. Ignoré el consejo de mi padre y salimos al campo a luchar. Pronto comprobé que era un luchador poderoso y lo único que quería era acabar con mi reputación por envidia. Después de 25 minutos de lucha noté que lo único que deseaba era hacerme daño de alguna manera. Entonces me volví violento y lo arrojé contra el suelo con todas mis fuerzas; cada vez que intentaba levantarse, le volvía a tirar con más fuerza aun contra el suelo. Finalmente comenzó a sangrar por la nariz y cayo desplomado. A la mañana siguiente su hermano me dijo que estaba muy enfermo. Me sentía mal por lo que sucedió y fui a verle. Tan pronto como lo vi en la cama noté que estaba bastante mal. Aún en ese estado percibía el odio en sus ojos. Al día siguiente murió. Aprendí de esta experiencia de forma trágica que no era bueno el uso de demasiada fuerza y decidí no volver a luchar jamás”.
A los 17 años terminó sus estudios medios, convertido en un estudiante brillante, diligente y atlético imbuido de un sentido del deber y responsabilidad… condiciones óptimas para comenzar su carrera e ingresar como futuro funcionario del Gobierno Imperial. Se trasladó con su padre a Bombay donde ingresó en la universidad de San Xavier. No habiendo plazas libres en la residencia de estudiantes, alquiló una habitación en una pequeña pensión junto a un amigo.
Mani comenzó a perder interés por los estudios a los que veía únicamente como una carrera para conseguir grados, diplomas y honores. Se volvió mas pensativo y reflexivo pasándose horas mirando por la ventana y preguntándose porque las cosas eran como eran y el mundo funcionaba de esa manera. Sus profesores comenzaron a preocuparse y no entendían lo que le podía suceder al joven. Un día, su compañero de habitación, Ambalal, recibió la noticia de que el gran yogui Paramahansa Madhavadasji de Malsar, de quien era devoto y cuya foto colgaba sobre su cama, iba a dar una charla en la ciudad ese mismo día. Preocupado como estaba por su amigo y su ensimismamiento le propuso ir a ver el evento. Mani opuso resistencia pues no creía en los sadhus y sanyasins que viven de la caridad pero observando la foto sintió deseo de conocerlo aunque no lo reconoció ante su amigo. Ambos fueron a ver al recién llegado yogui (Aquí remitimos al lector a leer la vida de Paramahansa Madhavadasji en esta misma web donde se explica el encuentro de ambos, maestro y discípulo).
Terminado el aprendizaje con su Maestro, Shri Yogendra volvió a su pueblo natal para encontrarse con su padre. Allí pasaba largas horas en soledad y recogimiento que a veces se veían turbados por situaciones que ocurrían en el propio pueblo o poblados cercanos. En una ocasión algunos familiares del inspector de policía de un pueblo cercano vinieron a pedirle ayuda ya que su pariente se encontraba muy enfermo y todos los remedios médicos usados habían fracasado. Mani encontró al inspector tumbado en la cama medio desmayado. Observó su garganta hinchada, aspecto de aturdimiento y gesto de dolor. La situación era grave. Con voz firme pero tranquila llamó al policía por su nombre. Los ojos de este comenzaron a abrirse y sus labios se entreabrieron y para sorpresa de todos los presentes comenzó a levantarse de la cama y sentarse en el suelo a los pies de Mani. Este mirándole fijamente le preguntó: “¿Cómo estás?”. El enfermo asintió con la cabeza y susurró un leve “gracias”. “Mañana debes ir a visitarme a mi casa”, añadió Mani. A la mañana siguiente enseñó al policía algunas cosas sencillas del Yoga para cuidar su salud y nociones de higiene. Poco a poco fue recuperando la salud hasta conseguir de nuevo su bienestar total.
Mani explicó mas tarde que el inspector padecía de difteria y esto le producía mucho dolor. Los médicos, que no habían diagnosticado correctamente la enfermedad, le administraron morfina para aliviar sus dolores y sedarlo pero el paciente atontado por la dosis de morfina se desmayó. Debido a la confusión surgida durante el rápido momento de la perdida del equilibrio de la homeostasis, el paciente perdió aparentemente el control sobre su personalidad y estaba incapacitado para dar respuesta con medidas protectoras para eliminar la crisis. La morfina le había dejado sin iniciativa y eso había que remediarlo. “No hice nada más que aportar lo que se estaba perdiendo y llenar el vacío hasta que el equilibrio volviese. No hay nada misterioso ni milagroso en estas cosas sencillas”.
Otro incidente que dejó boquiabiertos a sus vecinos se refería a un loco al que llamaban “el salvaje” que había estado atado a un árbol durante años en un pueblo vecino. Algunos de sus parientes vinieron a pedir la ayuda de Mani apara ver si podía hacer algo por el. Mani ya había tratado con varias de estas personas acompañando a su Maestro. Cuando llegó al pueblo vecino fingió pasear cerca del árbol donde estaba atado el hombre y al fijarse en el le saludó: ¿Cómo estás? El hombre sonrío y lanzó un sonido gutural. Y Mani le susurró: “Voy a liberarte de estas ataduras”. El hombre le miraba fijamente y sonreía. Mani le soltó del árbol y comenzó a andar sosteniendo la cadena con sus manos en dirección a la casa donde había vivido “el salvaje”. Mientras los vecinos del pueblo le mantenían a una distancia prudencial. Mani ayudo al hombre a tomar un baño, pues había permanecido desnudo durante años. Después le colocó una prenda de algodón alrededor de la cintura. A continuación le dio algo para comer y el hombre lo agradeció con alguna tímida sonrisa. Mani le preguntó entonces si esa era su casa a lo que el hombre asintió con la cabeza y un nuevo sonido gutural. Fueron acercándose a la casa y la cadena que le ataba fue retirada totalmente. Al ver la puerta de entrada el hombre comenzó a correr y se sentó en una pequeña hamaca que tenia en su habitación. Con gran esfuerzo, puesto que llevaba años sin hablar, pudo pronunciar unas palabras de alegría: “Yo quiero estar aquí”. Desde ese día las visitas de Yogendra fueron frecuentes enseñándole cosas elementales de yoga e higiene así como a vivir una vida en familia. El hombre comenzó lentamente a trabajar la tierra y a vivir una vida normal.
El 25 de Diciembre de 1918 comenzó a enseñar Yoga a un grupo de alumnos en una casa prestada por un amigo en la playa de Versova en Bombay. Por primera vez se enseñaba Yoga al hombre común. Así nació The Yoga Institute. Más tarde y tras el aumento del número de alumnos tuvo varias sedes diferentes hasta la actual en la zona de Santacruz East en Bombay.
Terminada la primera guerra mundial, Yogendra decidió dar un nuevo impulso a nivel mundial a la enseñanza del Yoga. En aquellos momentos el país líder en nuevas ideas era Estados Unidos de America y todas las novedades propuestas por los americanos eran adoptadas en casi todos los países del mundo de forma rápida. El 25 de Septiembre de 1.919 Yogendra embarcó en el S.S.Kigoma rumbo a Occidente. Después de unos comienzos difíciles, funda el Yoga Institute of America en Tuxedo Park en las afueras de Nueva York. Allí recibe a científicos, médicos y enfermos en un trabajo incesante para difundir las ideas del Yoga y tratar enfermedades empleando algunas de sus técnicas basadas en la sencillez y en los conocimientos adquiridos de su Maestro Madhavadasji. Realiza entonces trabajos conjuntos de investigación con the Rockefeller Center for Medical Research y con el Bloomingdale Hospital. Recorre todo el país dando conferencias sobre las enseñanzas de este sistema tan antiguo que habla de espiritualidad, conciencia, alma…En su centro trata a cientos de enfermos y enseña a alumnos que acuden de todo el país. Después de dos años de duro trabajo recibe noticias de la enfermedad de su padre y decide volver a la India. Algunos alumnos y pacientes tienen que costearle el pasaje… “Llegué aquí sin nada y de la misma manera me voy” fue su despedida a amigos y seguidores.
En 1927 se caso con Srimati Sitadevi cumpliendo la promesa que había hecho a su padre y siguiendo con su idea de ser un padre de familia y que ello fuese compatible con la práctica del Yoga. De dicho matrimonio nacieron dos hijos, Jayadeva y Vijayadeva. El primero de ellos es el actual director del Yoga Institute.
En 1940 la universidad de Oglethorpe en E.E.U.U. microfilma algunos de los trabajos publicados por Yogendra y los encapsula en la Cripta de la Civilización que será abierta en el año 8113.
En Abril de 1.948 y tras muchas dificultades y penurias el primer edificio del Yoga Institute es abierto en la zona de Santa Cruz en Bombay. Nacionales y extranjeros, médicos, científicos, religiosos, yoguis y otros buscadores espirituales cruzan sus puertas para compartir conocimientos y descubrir nuevas y antiguas ideas adaptadas por el joven Yogendra para el hombre común. Esta sede definitiva del centro de Yoga mas antiguo del mundo hierve de actividad cada día. La enseñanza del Yoga a las mujeres (algo que antes les estaba prohibido) comienza con las clases de Sitadevi. Mientras su marido atiende a los enfermos de diversas dolencias en una pequeña zona de hospital dedicada a la terapia yoguica. Aumentan los cursos para profesores y maestros de escuela para la introducción del Yoga en los colegios. Poco a poco Yogendra sigue escribiendo y publica más de una docena de libros dedicados a explicar la práctica del Yoga para las personas corrientes.
Más tarde se construye un segundo edificio donde la planta baja se dedica a residencia de estudiantes, cocina, comedor y biblioteca. A este le seguirá un tercero dedicado a sala de practicas y charlas en su planta baja, museo del Yoga y diversas zonas de clases y cursos especiales.
¿Cuál es la contribución de Yogendra hacia el Yoga? ¿Sólo unos edificios? Quizás una de sus mayores contribuciones haya sido su esfuerzo para mantener la pureza del Yoga Clásico. Desde el principio intentó divulgar la tecnología secreta del Yoga. Quiso también desmitificar el Yoga y hacer lo esotérico más asequible e inmediato sin diluirlo ni contaminarlo.
Para terminar y no cansar a los lectores que hayan llegado hasta aquí, transcribimos sus palabras publicadas en el manuscrito no publicado “Outlines of Yoga”… “No se como la Naturaleza me mostró sus secretos, pero el conocimiento me llegaba como si de una cascada se tratase. Mi satisfacción es que en vez de pasar mi vida en la jungla, la he dedicado a transmitir ese conocimiento a todas las personas interesadas en el. No es una filosofía estéril llena de teorías inútiles, sino que muy al contrario, está llena de riqueza y preñada de practicas asequibles para conseguir la auto-realización”.

